Polonia 2013

Auschwitz o cómo es de complicado escribir sobre el infierno

Cientos, miles, millones… números… solo números es lo que a veces se recuerda al hablar, escribir o leer sobre los campos de exterminio  de Auschwitz y Birkenau. Y las cifras bailan en una danza macabra que llega a marear cuando la vas escuchando, como un letanía, al pisar con tus propios pies el mismo suelo por el que se arrastraban todos esos números. Y sí, te mareas, sientes nauseas y hasta tienes que salir para respirar aire fresco. Miento. Ese aire no podía ser fresco. E incluso decir “salir a respirar” te provoca una cierta vergüenza. Tú pensando en respirar para no vomitar, para evitar una indisposición “momentánea”, mientras que para ellos respirar era la lucha diaria, eterna, no una torpe y absurda indisposición “momentánea”. Puñetazo de ironía en la cara.

Auschwitz Polonia

Prepárate, solo será el primero de unos cuantos que te irán golpeando mientras visitas los campos de la mano de un guía, en este caso judía (ahí tienes otro golpe), que te explica al detalle una historia que nadie debería olvidar. ¿O sí? “Áquel que no recuerda la historia está condenado a repetirla“, aseguraba George Santayana. Cada cual que infiera su posición.

George Santayana

¿La mía? Una vez que has pisado Auschwitz, es imposible que se aletarguen en la memoria las matanzas, las aberraciones, la crueldad máxima en forma de cámara de gas y la sinrazón incapaz de convertirse en cenizas en sus propios crematorios. Desde luego, no valdrá para nada que yo no lo olvide, pero tampoco es una elección, simplemente se queda ahí, agazapado en una esquina de tu memoria, en concreto, escondido entre la rabia y la incomprensión.

Auschwitz maletas

Fuera de las cifras, de los datos, de vez en cuando, parpadean en mi memoria las personas; porque allí hubo personas por mucho que los nazis se empeñaran en reducirlas a simples mercancías de las que sacar beneficio, a piel, dientes y pelo con los que lucrarse.  Sí, comerciaban con la piel de aquellos a quienes exterminaban… Un silencio es ahora lo más adecuado.

Birkenau Auschwitz

Prefiero las personas a los números. Ya se les arrebató la cualidad de seres humanos allí como para dejar que ahora sean simples cifras.  Me resultó inevitable obviar las historias de muchos de los presos mientras caminas entre las literas donde “maldormían” hacinados peleándose por un resquicio de oxígeno; porque no lo estás leyendo un libro de historia o viendo a través de un documental, sino que estás allí, en persona, en el mismo lugar donde ocurría; porque mi imaginación es demasiado desbordante y mi sentimentalismo peca de débil como para quedarme solo en los datos, en los grandes acontecimientos históricos, de modo que es inevitable formular muchas preguntas aunque luego hubiera preferido no saber las respuestas.

Campo concentración

Entre historia e historia, entre muertos y supervivientes, entre barro y polvo, el nivel de indignación va subiendo de un modo alarmante.  Y los puñetazos de ironía siguen golpeando fuerte al descubrir, por ejemplo, como uno de los lugares más pestilentes y humillantes del campo, el barracón de las letrinas de Birkenau, de madera y sin cimientos, se convertía en el único reducto donde se podía gozar de libertad. Las pocas veces que se vaciaba y limpiaba, el hedor era tan insoportable que los vigilantes cerraban las puertas para esperar fuera. Por esa razón, esas letrinas pasaron a llamarse parlament entre los presos, puesto que solo durante esos momentos podían hablar sin ningún tipo de censura y encontraban literalmente dentro de la mierda unos instantes de libertad. Lo dicho: puñetazo de ironía.

Auschwitz en Cracovia

Son tantas las historias, los detalles, las escenas del holocausto que descubres durante las más de tres horas que dura la visita guiada a los dos campos que resulta imposible escoger cuáles narrar y cuáles no.  Si decides ir entenderás porqué.  Ir o no a Auschwitz es desde luego una decisión muy personal, de modo que no se trata de recomendarlo. Tan solo he dejado algunas impresiones, mínimas pues el aluvión de información con el que se sales es demasiado apabullante y amplio como para ordenarlo, hacer una criba y plasmarlo aquí, si alguien lo consigue, desde luego, lo leeré con atención. Las fechas, cifras y otros datos en este caso, para mí, estaban de más y se pueden encontrar en otras muchas fuentes. Es complicado escribir sobre este lugar, y decidir cómo hacerlo y qué contar más todavía. Por eso, he retrasado tanto estas lineas desde mi viaje y sé que si volviera a escribirlas el enfoque y su contenido sería muy diferente pero… esto es lo que surgió acotando muy mucho detalles, sentimientos y la opinión personal.

Tren Birkenau

Datos prácticos: 

Los campos de concentración de Auschwitz y Birkenau se encuentran a unos casi 70 kms de Cracovia, en la localidad de Oswiecim. El nombre de esta localidad polaca traducido al alemán es Auschwitz. Puedes llegar perfectamente por tu cuenta en uno de los autobuses que salen con una frecuencia  desde Cracovia. Paran frente a la estación de trenes Krakow Glowny, en la calle Bosacka,18. El billete de ida y vuelta cuesta 28 zlotys, algo menos de siete euros, y el trayecto dura aproximadamente una hora cuarenta minutos.  Para ir de un campo a otro hay un bus gratuito que enlaza ambos lugares.

Si no vas en un grupo organizado, puedes acceder por tu cuenta pero desde hace tiempo ya no es posible la visita individual por libre, sino que tienes que hacerlo con un guía, lo que por otro lado es más que recomendable. En la web http://www.auschwitz.org.pl/ puedes encontrar información más actualizada y detallada para organizarte. De momento, solo hay una visita al día en español a las 12:30 de la mañana. La entrada más la visita guiada cuesta 40 zlotys, algo menos de 10 euros.

Hay multitud de libros, documentales y películas sobre este lugar. Pero después de la visita, tengo ganas de ver la película documental “El retrato”, de Irek Dobrowolski. Al parecer, cuenta la historia de Wilhem Brasse, el preso que más tiempo sobrevivió en Auschwitz. Hijo de  padre austriaco y madre polaca, estuvo allí encarcelado durante cinco años, cuando la media de supervivencia era de solo tres meses, pero convertirse en el fotógrafo de los nazis le hizo pasar a ser “necesario” dentro del infierno. Murió con 95 años hace unos meses después de haber dejado un legado gráfico impagable.

Si quieres seguir leyendo sobre este lugar, te recomiendo el #postamigo http://www.vero4travel.com/2012/09/visitar-auschwitz-birkenau-como-llegar-cuantovale.html de Vero4Travel

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Viajar a Cracovia: Guía práctica

Querida Cracovia:

Acabo de regresar a Madrid después del viaje y ya te echo de menos. Aquí no hay calesas de caballos recorriendo las plazas, ni torres medievales, tampoco capillas subterráneas talladas en sal, ni, mucho menos, un trompetista que me recuerde la hora. Han sido solo cuatro días acariciando tus calles, poco tiempo pero más que suficiente para encapricharme de ti. Y digo acariciando porque apenas te he conocido me he dado cuenta de que hay que tratarte con mimo. Mereces que te cuiden porque, aunque ya te lamiste las heridas históricas de tártaros, suecos, austriacos, nazis y comunistas, sé que las cicatrices siguen ahí.

Rynek Glowny Cracovia

Es normal que ese pasado te haga ser algo desconfiada pero he visto que, aun así, miras hacia delante con el romanticismo y la imaginación que te caracteriza. Me siento orgullosa de ti por ser una ciudad tan fuerte capaz de sobrevivir al horror y la barbarie. Has sabido renacer, mantener intacta tu cultura, tu religiosidad, el legado gótico y renacentista, y seguir siendo la niña bonita de Polonia. Eres conservadora sí pero he sentido que tienes ganas de avanzar, de labrarte tu propio futuro libre de ataduras, de abrirte a esa Europa que todavía no sabe si darte el euro. Estate tranquila, piensa que con tu zloty igual te va mejor, mira cómo estamos los demás.

castillo de Wawel Cracovia

¿Sabes? Aquí no encuentro un castillo encaramado a una colina y echo de menos el dragón que lo custodiaba. Tengo una nostalgia absurda del aire medieval que respiraba estando contigo. Me apetece pasear de nuevo en bici por las orillas del río Vístula y sentarme con una cerveza en una de las terrazas del barrio judío. ¿Me esperarás? Quizá tarde un tiempo en visitarte de nuevo pero has de saber que no te olvidaré. He decidido que te haré caso y he metido en mi cajón de ilusiones Torun, Gdansk, los parques nacionales y otros lugares de tu país sobre los que me hablaste. Así que cuando regrese a Polonia será para pisar nuevos destinos pero sé que tarde o temprano volveré a ti.

Río Vístula Cracovia

muralla de Florianska Cracovia

Mientras tanto, he estado pensado que la mejor manera de que tú no te olvides de mi es mandarte un emisario con esta carta. Por eso, dejo aquí información práctica para que otros viajeros se animen a conocerte y alguno de ellos te haga llegar estas letras.

Moneda:

Aunque Polonia pertenece a la Unión Europea, de momento no ha adoptado el euro y continua con su propia moneda el zloty (PLN). Te recomendamos llevar euros y cambiar directamente en el centro de la ciudad, en la calle Florianska, por ejemplo, hay varios lugares donde aplican muy buen cambio.

Cómo llegar:

Ryanair te lleva directo en poco más de tres horas a Cracovia desde Madrid. Si buscas los vuelos con antelación puedes encontrar buenos precios, por ejemplo 118 € ida y vuelta fue lo que costó en abril. Para ir al centro de la ciudad desde el aeropuerto, lo mejor es coger el tren de cercanías que en solo 15-20 minutos te deja en la estación central Kraków Glówny (también conocida por Dworzec Glówny) y cuesta solo 12 zlotys (unos 3 €). El billete lo puedes comprar en el propio tren, ya sea en unas máquinas expendedores que hay en el vagón o al revisor directamente. La estación de tren del aeropuerto es un simple apeadero así que tened cuidado para no pasaros de largo.

Qué ver:

Casco histórico (Stare Miasto)

Torre Florianska y Barbacana

El casco histórico está hoy rodeado por el Planty, un cinturón verde de jardines y parques en el mismo lugar que antes ocupaba la muralla que protegía la ciudad. La única puerta original que se conserva de las ocho existentes es la puerta Florianska coronada con una hermosa torre medieval y que conecta dos lugares imprescindibles. En el lado exterior encontrarás la Barbacana, una fortaleza defensiva única por su belleza. Al lado contrario, al final de la calle llegas a la plaza central, conocida como Rynek Glowny y llena de sorpresas. Todo el casco histórico está salteado de rincones con encanto como, por ejemplo, el colegio Maius.

Colina de Wawel

Catedral de Wawel en Cracovia

Al lado del casco histórico se levanta la colina de Wawel, un lugar que no te puedes perder. Primero porque allí se encuentra la catedral que tiene un exterior precioso salpicado de cúpulas y torres. Segundo porque también puedes visitar el castillo que tiene un bonito patio que recuerda a la arquitectura italiana. Tercero porque tienes unas vistas únicas del río Vístula con sus cisnes. Y cuarto, por no seguir con más, porque puedes descender por una gruta subterránea que sirve de guarida a un fiero dragón que escupe fuego por la boca. Si vas los lunes por la mañana la entrada a muchas de las estancias de la colina es gratuíta.

Kamierz, el barrio judío

Kazimierz Carcovia

No puedes irte sin visitar Kazimierz, el barrio judío, ya que te irías sin conocer una parte muy importante de la historia de la ciudad. Durante la ocupación nazi el barrio fue saqueado, las sinagogas utilizadas como almacenes de armas y sus habitantes desterrados a un cruel destino o asesinados. Hoy en día, Kazimierz se ha reinventado convertiéndose en el barrio de moda de Cracovia, en un relevante centro artístico, cultural y social. Piérdete por sus animadas calles y acaba en la Plaza Nowy repleta de cafés y bares a cuál más original y encantador.

Podógorze

grafiti Podgorze Cracovia

Lamentablemente, si por algo se conoce el barrio obrero de Podgórze es porque durante la Segunda Guerra Mundial se convirtió en un gueto donde se hacinaba a los judíos, a quiénes se recuerda ahora con un monumento conmemorativo de 70 sillas. Además allí estaba la fábrica de Schlinder, famosa por la película de Steven Spielberg, que hoy está habilitada como un interesante museo. Al lado, en un total contraste, se encuentra el Mocak, museo de Arte Contemporáneo. Tanto a Kazimierz como a Podgórze puedes llegar con el tranvía número 3.

Minas de Sal

Minas de Sal Cracovia

Una visita desde luego muy curiosa son las minas subterráneas de sal que se encuentran en Wieliczka, a unos 14 kilómetros del centro y a donde puedes llegar con el autobús 304 que sale frente al centro comercial Galeria Krakowska y que cuesta 7,60 zlotys ida y vuelta. Un laberíntico entramado de galerías y salas a 135 metros de profundidad con esculturas y hasta una catedral, todo tallado en sal que te dejará con la boca abierta, aunque la verdad que también se hace algo pesado.

Campos de concentración de Auschwitz y Birkenau

Campo de concentración de Birkenau

A 40 kilómetros de Cracovia, se encuentran los campos de concentración de Auschwitz y Birkenau donde se calcula que los nazis exterminaron desde 1940 a 1945 a alrededor de 1,6 millones de personas, la mayor parte de ellas eran judíos. No todo el mundo decide pisar el campo, pero si realizas esta dura visita guiada de 4 horas, conocerás muy de cerca la impactante y trágica historia sucedida en este lugar atroz. Desde luego, nunca llegarás a comprender cómo y por qué pudo ocurrir algo indescriptiblemente inhumano.

Otros lugares de interés:

Aunque no hubo tiempo para ir, se puede hacer una excursión de un día o más hasta Zakopane, un pueblo de invierno a los pies de los montes Tatra, donde además de esquiar se puede disfrutar de un bonito entorno. Al parque natural de Ojców también se puede ir desde Cracovia para pasear por paisajes de postal y acercarse a los multiples castillos, muchos semiderruídos, que hay por la zona.

Cómo moverse:

Cracovia es una ciudad pequeña así que es muy fácil moverse. El mejor modo es utilizar el tranvía: rápido, económico y además con encanto. El billete sencillo  cuesta 3,60 zlotys y te sirve de sobra para desplazarte por la ciudad. No todas las paradas, ni todos los vagones tienen dispensadores de billetes así que si prevés usarlo compra algún billete de más y te evitarás una multa. La bicicleta es un medio muy utilizado por los locales y que te recomendamos desde aquí. De todos modos, si te gusta caminar puedes recorrerla andando en no mucho tiempo. Con los autobuses puedes ir, por ejemplo, hasta Wieliczka (minas de sal) o a Oswiecim (Auschwitz). Y si vas en plan romántico puede que acabes dando un paseo en una calesa tirada por bonitos caballos.

Moverse en Cracovia

Dónde dormir:

En el casco antiguo (Stare Miasto) hay multitud de opciones de alojamiento pero la elegida fue el New Moon Hostel en el barrio judío de Kazimiers. Todo un acierto este hostel recientemente inaugurado, habitaciones con baño privado y nevera, cocinas de uso comunitario limpias y completas y multitud de detalles gratuitos como wifi, bicicletas, consolas de videojuegos o secadores de pelo. 5 noches en habitacion doble fueron unos 150 € ¿qué más se puede pedir? Además el barrio está repleto de bares con encanto, restaurantes de todo tipo y mucha vida en la calle. En 2o minutos andando puedes estar en Rynek Glowny o coger el tranvía para llegar más rápido.

Qué comer:

La gastronomía polaca es, sobre todo, contundente con muchos platos de carne,  variadas sopas espesas y todo ello acompañado con cerveza y vodka. El bigos, por ejemplo, es el plato típico por excelencia y requiere una compleja y larga elaboración para cocinar el chucrut con todos los distintos tipos de carne y embutidos que lleva. También está muy buenos los pierogi, una especie de raviolis gigantes muy sabrosos. Un restaurante muy barato pero muy recomendable donde probar estos platos es el Polakowski en la calle Miodowa, 39. Por unos cinco euros tienes primero, segundo y bebida!!

Oscypik queso ahumado Cracovia

Si te parece caro, la opción más económica y también divertida es comer en los puestos callejeros. La estrella es la zapiekanki una especia de pizza polaca hecha con media barra de pan tostado, champiñones, queso fundido y ketchup, más los ingredientes que quieras. Te costará poco más de un euro y quedarás no solo lleno sino saisfecho. Por todas partes verás también puestos de pretzel y de oscypki, un queso de cabra ahumado que elaboran con originales formas.

Muy interesante:

Imprescindible, si quieres saber más de la ciudad, son los tours gratuitos que se organizan a través de la web  http://freewalkingtour.com/  Tres horas de visita guiada en español durante la que conocerás no solo la historia de los lugares que visites, sino que también aprenderás un montón de curiosidades y detalles de la vida actual de los polacos. Tienen varias rutas diferentes y si al finalizar te ha gustado puedes dejar propina, aunque no es obligatorio.

Relatos de otros viajeros   #postamigo

Guía Práctica de Cracovia.Polonia de  Viajamos Juntos

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