Publicaciones etiquetadas con: glaciar

Viajar a Alaska: guía práctica

21 días de ruta en caravana por Alaska, más de 2.600 kilómetros recorridos.

Cuando le dices a alguien que te vas de viaje a Alaska, la gente te mira raro, como si hubieras perdido el juicio, para después añadir:   “¿y qué se os ha perdido a vosotros allí?”. Pues entre madrugones, atascos y facturas, se nos había perdido la sensación de libertad. Así que,  tuvimos que ir en su busca al otro lado del océano. Y allí estaba esperándonos, escondida entre paisajes de infarto, a lo largo  de kilómetros y kilómetros sin rastro de vida humana, entre glaciares, montañas y lagos, junto a una hoguera bajo el sol de medianoche.

Sí, Alaska nos devolvió la sensación de libertad, tanto que no queríamos marcharnos y no descartamos volver. Quizás haya sido el viaje que más hayamos disfrutado hasta el momento. Aunque “la última frontera” pueda parecer un lugar remoto e inaccesible por cuenta propia, es sin embargo un destino sencillo y totalmente recomendable para viajar a tu aire. Aquí  te contamos nuestra ruta de 21 días en autocaravana y unos cuantos datos por sí tú también andas buscando la libertad perdida:

Ruta:

Anchorage (1 noche)

Aunque la capital es Junneau, Anchorage es la ciudad más grande de todo el estado. Al final del viaje tendríamos un día para echarle un vistazo, pero este primer día sólo nos sirvió para recoger la caravana y abastecernos con algunas cosas básicas.

Península de Kenai

Imprescindible perderse unos cuantos días dentro de esta península a la que no le falta de nada. Nos enamoró desde el principio, tanto que si volvemos iríamos sin duda allí para explorarla  a fondo

Seward (2 noches)

Punto de partida para navegar por el Parque Nacional de Kenai Fjords, admirar sus fiordos, ver desprenderse témpanos de hielo de un glaciar, avistar ballenas y leones marinos. A solo 13 kilómetros de este encantador pueblo, está el Glaciar Exit, lo verás tan cerca que casi puedes tocarlo con la mano. Si tienes tiempo y fuerza física, hay un trekking (Harding Icefield Trail) que sube hasta lo alto de este glaciar y  permite disfrutar de unas  vistas espectacualres del inmenso campo de hielo.

Russian River (1 noche)

Parada técnica a  las orillas de este río famoso donde, durante la temporada de salmón, es muy fácil ver a los osos  muy cerca de  los pescadores Pero no solo de osos vive Alaska, también hay varias rutas de trekking por los alrededores de esta bonita zona boscosa. Si te gusta el ambiente de la pesca y continuas camino hacia Homer, te recomendamos parar a echar un vistazo en el rio Kasilof, cerca de Soldotna.

Homer (1 noche)

Este pintoresco pueblo en el sur de la península merece, desde luego, más de una noche para pescar sus famosos halibut, tomarse una cerveza en el original en el Salty Dawg Saloon, pasear por su playa y perderse con un kayak por la vecina bahía de Kachemak. Si tienes un presupuesto más holgado que el nuestro,  quizás puedas permitirte hacer una de las excursiones en avioneta hasta Katmai para ver muy de cerca  a los osos. Dicen que es espectacular pero muy caro. Lo que sale gratis es visitar, antes de llegar a Homer, la iglesia ortodoxa de Ninilchik, que recuerda el pasado ruso de Alaska y ofrece una estampa preciosa.

Crescent  Creeek Trail (1 noche)

Una ruta de 20 kms (i/v) para hacer a pie o en bicicleta y que culmina en un lago como los de las películas, rodeado de árboles y con las montañas al fondo. Y como ocurre en otros muchos trekkings de Alaska, ojo porque tienes que compartir el camino con los osos que merodean por la zona. El propio aparcamiento desde el que comienza el trekking nos sirvió para pasar la noche gratis, aunque posiblemente en julio y agosto esto no sea posible. Al día siguiente, antes de abandonar la Península de Kenai, paramos en un centro de conservación de vida salvaje donde ver de cerca un montón de animales.

 Long Lake ( 1 noche)

A medio camino entre Anchorage y Valdez, este idílico lago justo al lado de la Glennallen Highway nos encandiló. Hicimos noche allí después de visitar la mina abandonada Independence Mine y antes del glaciar Matanuska. Este último finalmente decicidimos verlo simplemente desde el mirador, aunque es posible llegar hasta él y hacer alguna de las actividades que ofrece.

Valdez (3 noches)

En este pueblo pesquero situado entre las montañas y el mar, también puedes perderte unos cuantos días para navegar con un barco por los fiordos del estuario Príncipe Guillermo hasta el inmenso Glaciar Columbia, fotografiar las divertidas nutrias marinas o avistar pájaros como los curiosos frailecillos.  Uno de los días lo dedicamos a hacer kayak en un lago, entre los bloques de hielo que se desprenden del glaciar que muere allí.

McCarthy- Kennicott (2 noches)

 Tras recorrer las 60 millas de carretera sin asfaltar desde el pequeño pueblo de Chitina hasta McCarthy, podemos disfrutar  de los impresionantes paisajes de las montañas  del parque nacional Wrangell St. Elias y de este pintoresco y remoto lugar que nos traslada al “Wild West” y a su pasado minero. Si tu presupuesto te lo permite podrás llegar allí en avioneta y evitarte el riesgo de conducir por la temida McCarthy Road.

Paxon Lake (1 noche)

Buscando un sitio para hacer noche entre el largo  caminoque hay desde McCarthy hasta la entrada de la Denali Highway, encontramos este encantador camping a orillas de un lago, rodeado de miles de abetos y donde disfrutamos especialmente de la luz del sol de medianoche. Cocinar a toda prisa para cenar un salmón en la barbacoa en territorio de osos no tiene precio. 

Denali Highway (1 noche)

Imprescindible, bajo nuestro punto de vista, recorrer con paciencia los 215 kilómetros de la Denali Highway, una carretera de grava cuyos paisajes te dejarán con la boca abierta. Aunque hay al menos dos campings, nosotros hicimos  noche gratis aparcados en un mirador que nos regaló unas vistas impresionantes al despertar.

Denali National Park (3 noches)

No puedes marcharte de Alaska sin hacer varias noches en el Parque Nacional de Denali, maravillarte con la naturaleza virgen que te rodea, avistar osos en silencio, hacer trekkings espectaculares y, si tienes mucha suerte (como nosotros la tuvimos) disfrutar de las vistas del pico más alto de todo Estados Unidos: el Mount McKinley de más de 6194 metros. Te recomendamos reservar con bastante antelación plaza en los autobuses que recorren el parque así como sitio en los campings del interior.

Anchorage (2 noches)

De vuelta de Denali, paramos a visitar el  pueblo de Talkeetna, desde donde despegan muchas de las avionetas que hacen los vuelos panorámicos sobre el McKinley. Tuvimos la suerte de llegar a Anchorage justo durante la celebración del solsticio de verano, así que disfrutamos del  ambientes festivo en las calles antes de volver rumbo a casa.

Cómo llegar:

Después de mucho mirar y remirar, la manera más directa y barata que encontramos  de llegar a Anchorage fue volando con la compañía aérea de bajo coste Condor directamente desde Frankfurt, con una mini escala  para repostar en el aeropuerto canadiense de Whitehorse.  Aunque también vuela desde Madrid, descubrimos que nos ahorrábamos bastante dinero comprando el billete desde esta ciudad alemana.

Cuándo ir:

Dada la situación geográfica de Alaska, su invierno es muy extremo de modo que la temporada “viable” para visitar el estado es muy corta: de mediados de mayo a primeros de septiembre. Durante estos meses las temperaturas son más suaves y todos los parques nacionales permanecen abiertos para ver fauna, glaciares y disfrutar de los trekkings. Nosotros decidimos viajar en junio principalmente por motivos presupuestarios, los vuelos y el alquiler de la caravana salían más baratos que en temporada alta: julio y agosto. Otra de las ventajas que encontramos fueron las 22 horas de luz solar que te permiten alargar las jornadas hasta que tu cuerpo aguante, sin las prisas de un horario solar limitado. Eso sí, advertimos que cuesta bastante acostumbrarse a eso de dormir con el sol de medianoche “encendido” y, a veces,  hasta llegas a echar de menos la luna y las estrellas.

Si tuviéramos que volver, seguramente lo haríamos desde mediados de junio a mediados de julio porque es más fácil ver osos pescando en los ríos durante el remonte de los salmones. A partir de julio, es bastante más sencillo que la lluvia te estropee alguna jornada, aunque esto último lógicamente te puede ocurrir en cualquier momento.

Cómo moverse:

Aproximadamente, tan solo el 10% de todo el territorio de Alaska  cuenta con carreteras, el resto solo es accesible por avioneta. Pero las escasas millas asfaltadas que hay conectan sin problema la mayoría de los principales destinos turísticos y además están en buen estado, así que el coche o la autocaravana son dos buenas opciones para moverse.  Viajar en coche implica que has de dormir en hoteles, bastante caros en general y con no muchas plazas disponibles. Así que, en nuestro caso, después de hacer cálculos, nos decidimos por viajar en autocaravana para disfrutar de la libertad de cambiar el itinerario según nuestro antojo y la meteorología y, además,  ahorrarnos algo de dinero con las comidas. Existen muchas compañías para comparar precios y opciones. Nosotros nos decantamos por Great Alaskan Holidays .

Aunque nosotros no usamos más opciones, hay multitud de barcos y mega cruceros que recorren el golfo de Alaska desde Juneau. También existen los ferrys de la Alaska Marine Highway, muy útiles si viajas en coche para ganar tiempo, por ejemplo, entre Seward y Valdez, o para llegar hasta el remoto puerto de Cordova. A nuestro modo de ver, no son nada baratos, estás limitado a sus horarios y te pierdes parte del encanto del viaje.

A los que les guste el tren, el famoso Alaska Railroad  une Seward con Fairbanks, parando obviamente en el propio Denali National Park.

Si finalmente te decides por conducir a tu aire, te recomendamos sin dudarlo la Milepost, mucho más que una simple guía de carreteras, puesto que describe milla por milla toda la información práctica necesaria para preparar tu itinerario: distancias, gasolineras, campings, áreas recreativas, miradores, puntos de avistamiento de animales, museos, mapas… Puedes comprar la última edición (se actualiza cada año) prácticamente en cualquier supermercado o gasolinera por unos 30$. A nosotros nos fue de gran utilidad durante todo el viaje.

Dónde dormir:

En general, el alojamiento en Alaska es bastante caro y, como la temporada turística es muy corta, es recomendable reservar por adelantado. Nosotros, al viajar en autocaravana, sólo nos alojamos dos noches en hostales en Anchorage. La primera lo hicimos en el  recomendable Artic Adventure Hostel por 50$ la habitación doble con baño compartido, derecho a cocina y tortitas con café para desayunar. La segunda en el Alaska Backpackers Inn, más céntrico pero demasiado ruidoso para nuestro gusto.

Aproximadamente, de media, de cada tres noches una la hicimos en campings. El resto acampamos gratis con la autocaravana puesto que, excepto en algunos lugares con prohibición expresa, es posible hacer noche en cualquier lugar. Los campings, por regla general, son bastante modestos, cuentan con aparcamiento, zona de picnic y barbacoa o en su defecto un lugar donde hacer fuego Los más equipados tienen tomas de electricidad y de agua corriente, desagües para vaciar las aguas negras de la caravana, lavanderías, baños e incluso wifi.

Una curiosidad de la mayoría de los campings alaskeños es el método de pago, una simple caja metálica anclada al suelo con una ranura para introducir un sobre con el dinero. Para demostrar que has pagado, debes colocar en el cristal de la caravana un pequeño recibo. Además, muchos cuentan con la figura del anfitrión, que suele ser un veraneante veterano que ayuda a los recién llegados y se encarga de vigilar.

En Denali, si quieres dormir dentro del propio parque (lo que te recomendamos sin dudarlo) es conveniente que reserves con antelación plaza en alguno de los campings puesto que se llenan enseguida. Nosotros nos quedamos tres noches (el máximo permitido) en el último al que se podía llegar con caravana, el Savage River Campground. Es el único desde donde, en los días claros, se puede ver el Monte McKinley. Debes tener en cuenta que allí no hay ni conexión eléctrica ni toma de agua directa.

Cuánto cuesta:

No vamos a negarlo, Alaska es un destino caro. Dar un presupuesto es complicado porque depende de muchos factores, pero aquí os damos algunas cifras para que os hagáis una idea. Todos los precios corresponden a junio de 2010.

Billetes de avión: En total, sumando el vuelo Madrid-Frankfurt y el vuelo con Condor de Frankfurt-Anchorage, nos gastamos 850€ por persona.

Caravana: Aunque solo éramos dos, no tuvimos más remedio que alquilar una caravana para seis personas (25 pies), eso sí último modelo y prácticamente nueva. Con Great Alaskan Holidays nos costó 182$ por día con varios extras, incluyendo: -kilometraje ilimitado/ menaje de cocina / ropa de cama y toallas / sillas y mesa para comer / un tanque prepagado de gasoil (salía más barato que llenando en las gasolineras) / otro de gas propano (que no llegamos ni a gastar así que no nos mereció la pena) / seguro básico más CDW (que nos alegramos de coger porque el día antes de llegar una piedra nos rajó el cristal y algún vándalo nos ralló la carrocería) /convertidor de potencia muy útil para poder ir cargando baterías durante la conducción.

Gasolina: Una buena parte del presupuesto se va en combustible porque la caravana consume bastante. El precio rondaba alrededor de 4$ por galón (1 galón=4,5 litros) y oscilaba mucho de unas gasolineras a otras En total, recorrimos 2.618 kilómetros y nos gastamos 555$

Gas station in Alaska

Campings: El precio de los campings depende de si pernoctas en una parcela simple o lo haces en una con full hook up, o lo que es lo mismo toma de agua, electricidad y desagüe. Según esto, los precios van desde los 10$ que pagamos por el más barato (Allison Point Campsite en Valdez) al más caro que costaba 35$ con conexión wifi incluida (Bear Paw Campsite curiosamente también en Valdez). Con cuidado de racionalizar el consumo de agua y electricidad, pudimos pernoctar hasta tres noches sin necesidad de pagar camping y además, por regla general, en sitios muy bonitos.

Comida: Los supermercados nos resultaron muy caros, desde la leche a un simple paquete de arroz, todo tenía unos precios desorbitados. Aún así es más barato comprar víveres en el super que comer de restaurante. Los comercios más conocidos son la cadenas de Carrs/Safeway y Fred Meyer. En total, en comida gastamos 300$ en el supermercado sin grandes lujos. Exceptuando carne para la barbacoa (costillas y salchichas), habitualmente comprábamos arroz, pasta, latas de frijoles, sopas, sandwichs, barritas energéticas, fruta, agua, cervezas…

Precios varios:

-Taxi del aeropuerto al centro: 10$
– Un menú de McDonald’s: 7,50$

-Leña: 10$

-Un paquete de seis cerveza: 10$ -Lavandería: 5$ -1 galón de leche (4,5 litros) entre 4 y 7 $

Dónde comer:

Suzie's Cafe en Alaska

Sobre los restaurantes no podemos opinar mucho puesto que apenas los utilizamos, tan sólo tres veces (sin contar el McDonald’s). Cenamos un día en Valdez, en el Alaska’s Bistro, propiedad de un español, y aunque la comida estaba buena, nos pareció demasiado caro (95$) para lo que ofrecía. El último día en Anchorage, a modo de despedida, decidimos tirar la casa por al ventana y fuimos a cenar al famoso Simon’s and Seafort.  Nos gastamos 108$ pero nos gustaron mucho sus vistas y su pescado fresco. Después puedes tomarte un coctel en su animado bar.

Gracias a las indicaciones de nuestro amigo Bill (leer “Un águila para desayunar“), paramos a comer en el Suzie’s Cafe en la Sterling Highway, en la península de Kenai. No deja de ser un bar de carretera pero sí que os lo recomendamos, por su autenticidad, su ambiente, por la sonrisa con la que te atienden y por su sandwich de cangrejo. La comida nos costó 32$ y salimos muy satisfechos.

Qué hacer:

Si te gusta el turismo activo, te gustará Alaska. Aquí os dejamos algunas de las principales actividades que puedes hacer por estas lejanas tierras. Hay muchas más pero, lamentablemente, nos faltó tiempo y dinero.

– Trekkings: Para los  que les gusta andar, llenarse los pulmones de aire limpio y disfrutar en soledad de unos paisajes de vértigo, este viaje no les defraudará. Aquí tienes una actividad gratuita que podrás realizar en prácticamente cualquier lugar del estado. Alaska goza de una red de senderos muy amplia, bien indicada, en perfecto estado y con aparcamientos. Puedes elegir entre paseos cortos o trekkings de varios días de duración pernoctando en cabañas. Incluso es posible caminar sobre un glaciar con crampones, aunque en ese caso sí te hace falta guía y no es gratis. Sobre esto último, puedes tener más información leyendo nuestro post  “Un glaciar bajo los pies”.
Trekking en Denali
Cruceros de un día: No puedes pasar por Alaska sin tomar un barco que te lleve a recorrer su costa salpicada de glaciares, a avistar ballenas, leones marinos… Encontrarás una oferta muy amplia de compañías y rutas que te hará sentirte perdido. En Seward, montamos en el barco de Kenai Fjords Tours y en Valdez lo hicimos en el de Major Marine Tours . En ambos casos, hay un ranger que te va dando expliaciones acerca de la zona, la fauna, curiosidades… eso sí, solo en inglés. Puedes llevarte tu propia comida o pagar un extra para comer con el buffet que ponen a bordo, que suele ser bastante básico. Son barcos muy grandes y muy turísticos; si volviéramos, quizás lo haríamos con barcos más pequeños como el Lulu Belle en Valdez. Ah, no te olvides los prismáticos y las pastillas para el mareo (por experiencia).

– Kayaking: Hay multitud de lugares donde iniciarte o practicar con el kayak, ya sea durante un rato o durante varios días de expedición, en mar abierto, en ríos o en lagos. Nosotros éramos novatos y nos estrenamos paladeando en un lago, entre témpanos de hielo que se iban soltando de un glaciar. Elegimos la empresa Anadyr Adventures en Valdez, bastante profesionales. Es una actividad muy tranquila que se puede hacer incluso con niños. LLevamos nuestra propia comida (sandwich, fruta y barrita energética, “el pan nuestro de cada día”) pero el guía nos invitó a un chocolate caliente y compartimos viandas con el resto del grupo.

Vuelos escénicos: Nuestra asignatura pendiente. El más popular es el vuelo sobre el Monte McKinley, con aterrizaje en el campo base,  que puedes contratar tanto en Denali como en Talkeetna. Te recomendamos que no lo lleves reservado con antelación porque es una actividad que depende totalmente de la climatología, muy caprichosa por cierto. Hay multitud de compañías para elegir y no es difícil encontrar plaza una vez allí. Nosotros lo intentamos en Talkeetna pero las nubes nos lo negaron. ¡¡Dinero que nos ahorramos!! Ya habíamos probado suerte en McCarthy para sobrevolar el Parque Nacional de Wrangell St. Elias, pero amaneció lloviendo a mares. – Pesca: Si volvemos alguna vez a Alaska, tenemos claro que nos iniciaremos en el paciente arte de la pesca, para poder hacernos por nosotros mismos con un salvaje salmón rojo. El que parece ser deporte nacional arrasta hasta allí a numerosos aficionados a la pesca llegados de todo el mundo. Puedes probar suerte en ríos tan famosos como el Russian River y el Kasilof, o tomar una barca desde Homer con alguno de los tours que salen en busca del halibut en el mar.

Tour Saver:

Si tienes pensado hacer varias de estas cosas, te recomendamos que compres el Tour Saver, un libro de cupones de descuento con el que, en muchos casos, tendrás hasta un 2×1 en actividades especialmente caras como son los cruceros o los vuelos escénicos. También te podrás beneficiar de ofertas en algunos hoteles, campings, o museos. Puede parecer caro, ya que supone un desembolso de 99$, pero en el momento que hagas, por ejemplo, dos cruceros que cuestan alrededor de  120$ ya te compensa y, seguramente, lo usarás en más ocasiones. En su página web, puedes ver el listado completo de todos los descuentos que ofrece. Puedes comprarlo on-line o directamente cuando llegues a Anchorage. Apúntate las direcciones de dónde lo venden para ir directo, puesto que no se encuentra en cualquier sitio. Te recomendamos que reserves por adelantado actividades como, por ejemplo, los cruceros que suelen estar muy demandados y  solo guardan un cupo determinado de plazas con descuento. Al reservar, puedes hacerlo por email, has de indicar que usarás un cupón de Tour Saver y ellos te pedirán un número de referencia. Si todavía no lo has comprado, no te preocupes que la reserva te la admiten igual y les puedes dar el número cuando llegues.

Osos:

Sí, este bonito animal salvaje merece sin duda un pequeño apartado para él solo. Alaska es territorio de osos, lo que no quiere decir que te los encuentres en cada esquina, pero sí que has de tenerlo en cuenta en los campings y, especialmente, durante los trekkings. Cada vez que estés en una zona donde suele haber osos, encontrarás paneles que te advierten del peligro y, a veces, que te indican algunos consejos. Por ejemplo, si estás acampando, no dejes fuera nada de comida, ni basura, ni productos de aseo como champú o pasta de dientes, que parece ser que les atrae bastante.

Durante los trekkings, es recomendable ir hablando en voz alta y llevar un pequeño cascabel (lo venden en muchos sitios) que va haciendo ruido y evita que se acerquen (sí, hay que confiar en la teoría). Si no te parece suficiente, puedes comprar un spray especial para osos que es muy caro y que solo es efectivo si estás muy cerca del animal (llegamos a la conclusión de que si estuviéramos tan cerca no seríamos ni capaces de sacarlo).

Nos quedamos con ganas de:

-Volar a la reserva de Katmai durante unas horas para ver de cerca los osos pescando salmón.

-Visitar el puerto pesquero de Cordova y su impresionante Child’s Glacier.

– Explorar con calma la bahía de Kachemak a bordo de un kayak pernoctando en el bosque. -Sobrevolar las nevadas cumbre del Monte McKinley.

– Asistir al remonte en los ríos de cientos de salmones.

-Escalar las paredes de hielo del glaciar Root en el Parque Wrangell St Elias.

– Recorrer durante 4 días las 39 millas de uno de los trekkings más conocidos y espectaculares: Resurrection Pass Trail

Preparación:

Además de los links que te hemos ido dando, rastrea internet para encontrar información. A nosotros, nos fueron de mucha ayuda los foros de viaje para encontrar datos actualizados y consejos prácticos de quiénes han vuelto de allí. Especialmente últil es el hilo Alaska en verano del Foro Los Viajeros. En cuanto a guías, nosotros utilizamos dos: una en español, la de El País Aguilar, y otra en inglés, la Rough Guide.  Ésta última nos resultó más práctica porque incluye direcciones, precios, pequeños mapas… Lonely Planet edita también una guía en inglés pero nos fue imposible encontrarla.

Categorías: Alaska 2010 | Etiquetas: , , , , , , , | 47 comentarios

Un glaciar bajo los pies

Cruje, a cada paso, el hielo cruje.

Las cuchillas de los crampones se clavan con fuerza, aunque apenas lastiman a ese gigante helado. Y tú sientes todo un glaciar vivo bajo tus pies. En algunos tramos puedes escuchar el sonido del agua fluyendo con fuerza justo debajo de ti.

Sensación de inseguridad, de  respeto, de miedo, por qué no reconocerlo, miedo a que de repente esa grieta que estás saltando se abra, a que el hielo ceda, a caer. Pero eso no ocurre y el miedo deja paso a la adrenalina que se desata nerviosa por dentro, a la fascinación de estar pisando un hielo milenario.

Tu vista se pasea incrédula de un lado a otro, de la gran lengua de hielo que parece precipitarse sin remedio hacia ti, a los diferentes tonos de blanco y azul que descubres por primera vez. Entonces quieres más, quieres aprender rápido a manejarte con los crampones, quieres avanzar desafiante hacia esa lengua helada, sentir como respira, descubrir grietas, mirar dentro de ellas… Así, el taimado aventurero que llevas dentro se deshace de la inseguridad y sale fuera para disfrutar, con los cinco sentidos, del glaciar que hay bajo sus pies.

No es fácil llegar hasta allí. El glaciar Root no es precisamente muy accesible. Se encuentra en Alaska, dentro del Parque Nacional Wrangell-St. Elias, el más grande de todo Estados Unidos, seis veces mayor que Yellowstone, por ejemplo. Conduciendo, has de superar la injustamente temida McCarthy road, una carretera que une Chitina con el pintoresco pueblo minero de McCarthy (más adelante escribiremos un post de esta zona). Desde allí, puedes coger un transfer que, por cinco dólares, completa cómodamente los ocho kilómetros de distancia hasta las antiguas minas de cobre de Kennicott o poner en marcha tus pies para llegar andando. Un trekking bonito, sin duda, pero recuerda que te espera una ruta encima de un glaciar. Pero claro de eso nos dimos cuenta después.

Una vez en las antiguas minas de Kennicott, un pequeño descanso para recuperar la energía con las vistas, a lo lejos, de las imponentes Chugach Mountains. Desde luego, este poblado fantasma, lleno de raíles y vagonetas oxidados, edificios de madera a punto del derrumbe y vestigios de una época dorada sepultados bajo tablones rojizos, merece mucha más atención.

Pero todavía quedan otros tres kilómetros a pie, ya en compañía del guía, hasta la entrada al glaciar. Si la “suerte” está de tu lado, puede que te cruces con alguno de los osos que merodean por la zona. Frente al hielo, montículos de tierra parecen frenar el avance del glaciar. Sin embargo, el glaciar no avanza, sino que está retrocediendo y todos esos montículos de detritos no son sino un disfraz debajo del que todavía hay un glaciar vivo que trata de sobrevivir al cambio climático. Y el último tramo del camino discurre sinuoso junto a esa agonía de la naturaleza.
A partir de ahí, solo hielo y más hielo bajo tus pies. Poco a poco, vas descubriendo los secretos que, desde lejos, no imaginabas encontrar. Asistes con ilusión al descubrimiento de pequeños lagos de un azul brillante y te asomas con cautela a agujeros cuyo fondo es imposible adivinar. Caminas bajo una fina cascada que se ha abierto un surco y parece susurrar con timidez al deslizarse por el hielo. Tus crampones sortean grietas en la superficie, violentas cicatrices que dibujan el rostro de este anciano glaciar. Te encuentras con paredes verticales que se pueden escalar armado con arnés, cuerda y piolet. Y no te cansas nunca.
Así era el glaciar Root en junio de 2010. Seguramente, ahora sea muy diferente porque como todo ser vivo también está en continuo cambio. Y ésa es, sin duda, la esencia de su magia. Quizá ya no exista aquel lago y las grietas hayan ensanchado hasta hacer imposible el paso de un lado al otro. Podría volver y que fuera todavía más fascinante. Sin embargo, dudo que encontrara de nuevo la emoción virgen de aquel día, la inocencia con que mis ojos se abrieron al paisaje por primera vez, la sensaciones recién estrenadas que hicieron que haber tenido un glaciar bajo los pies fuera la experiencia más intensamente disfrutada hasta entonces.
Galería de imágenes:

Algunos datos prácticos:

Cuándo ir:

Lógicamente el invierno de Alaska es muy duro. La caminata sobre un glaciar solo es posible desde finales de mayo a principios de septiembre cuando la zona de ablación está libre de nieve y se puede acceder.

Dónde dormir:

Si viajas en caravana y te arriesgas a llegar con ella hasta allí (es prácticamente imposible encontrar una compañía cuyo seguro te cubra circular por McCarthy Road) puedes pernoctar en el camping que hay al final de la carretera por 20$ la noche. Es muy básico, unas mesas de picnic, una zona para hacer fuego, un depósito de agua y nada más, pero está en la orilla del río y tiene unas vistas espectaculares.

Si llegas en avioneta, tienes varias opciones de varios precios tanto en McCarthy como en Kennicott.

Actividades:

El hiking en el glaciar lo hicimos con la empresa Kennicott Wildernes Guides. Dura entre cuatro y cinco horas, incluye guía especializado y el material técnico pero tienes que llevarte tu propia comida. Lo mejor es que no necesitas experiencia. Cuesta 60$ por persona pero si vas a hacer más actividades en Alaska te puede compensar comprar el Tour Saver (99$), un libro de cupones de descuento con el que obtendrás un 2×1 en multitud de cosas.

Imprescindible:

No vayas muy cargado para no cansarte en exceso. No te olvides agua para hidratarte por el camino y algo de comida energética para repostar sentado en el hielo del glaciar. El tiempo cambia allí rápidamente y no es extraño que te sorprenda la lluvia, así que lleva un buen impermeable, transpirable a poder ser y, por supuesto, ropa de abrigo en capas, estás en la montaña El calzado también es muy importante, nosotros llevábamos unas buenas botas de montaña de gore-tex.

Cuidado con:

Un glaciar no es un parque temático. Debes ser muy cauteloso y escuchar con atención todas las indicaciones del guía porque tu seguridad va en ello. Ah, estás en territorio de osos…

Se quedó por hacer:

Uff…. sobrevolar el parque en avioneta, pernoctar en el propio glaciar, hacer escalada en hielo… sigo?

Categorías: Alaska 2010 | Etiquetas: , , , , , | 5 comentarios

Blog de WordPress.com.